DE TORNILLOS Y
CLAVOS
Simples objetos
diseñados para uniones sencillas o complejas han devenido con el tiempo en
imágenes llenas de significados que la sabiduría popular ha enriquecido con sus
amplias interpretaciones.
Ambos son
elementos de unión, fusión, pero penetran de distinta manera en las piezas a
unir. Podemos hablar en sentido técnico, más fácil, o figurado, complejo y tal
vez comprometido. Si hablamos de la madera es común decir usemos tornillo pues
el clavo produce una unión débil.
El clavo entra a
golpes de martillo y depende de la
intensidad que imprima a éste el que
golpea, la entrada del elemento en ella será más pausada o rápida.
Con tornillo pareciera más simple, más sofisticado, el suave movimiento de la
rosca entrando firmemente en la madera es
casi sensual, pero visto desde afuera,
porque hiere en su paso de giros
lentos dejando ese polvillo húmedo,
lastimándola.
Si pretendo hacer
de lo escrito una reflexión, no puedo desprenderme de lo metafórico y si pienso
en la unión entre los humanos optaría por el tornillo, no por tener una postura
sufrida, sino porque pienso que lo que se une siempre tiene algo de placer y
dolor, de amalgama o alegría y de
pérdida.
Pero vamos, no
entremos en el dramatismo, golpe a golpe unieron con mayor o menor solidez,
sólo importa que la elección sea libre
no condicionada por el entorno tecnócrata o terapéutico.
Si quiero extenderme
aún más en el tema y en sus aplicaciones hemos escuchado de algún varón
despechado decir “ esa mina me dejó clavado en el bar tomando un destornillador”, o aquella mujer que decía “ no sé qué
abrigo comprarme con el tornillo que hace”, pero lo más patético fue cuando mi
marido me dijo “ querida lo siento, me voy, a vos se te cayó un tornillo
y estás re enroscada en tus devaneos”.
Carmen Pessacq
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