lunes, 6 de marzo de 2017


DE TORNILLOS Y CLAVOS




Simples objetos diseñados para uniones sencillas o complejas han devenido con el tiempo en imágenes llenas de significados que la sabiduría popular ha enriquecido con sus amplias interpretaciones.
Ambos son elementos de unión, fusión, pero penetran de distinta manera en las piezas a unir. Podemos hablar en sentido técnico, más fácil, o figurado, complejo y tal vez comprometido. Si hablamos de la madera es común decir usemos tornillo pues el clavo produce una unión débil.
El clavo entra a golpes de martillo y depende de  la intensidad  que imprima a éste el que golpea, la entrada del elemento en ella será más pausada  o rápida.
 Con tornillo pareciera más simple,  más sofisticado, el suave movimiento de la rosca entrando firmemente en la madera es  casi sensual, pero visto desde afuera,  porque hiere  en su paso de giros lentos dejando ese polvillo húmedo,  lastimándola.

Si pretendo hacer de lo escrito una reflexión, no puedo desprenderme de lo metafórico y si pienso en la unión entre los humanos optaría por el tornillo, no por tener una postura sufrida, sino porque pienso que lo que se une siempre tiene algo de placer y dolor, de amalgama o alegría  y de pérdida.
Pero vamos, no entremos en el dramatismo, golpe a golpe unieron con mayor o menor solidez, sólo importa que la elección  sea libre no condicionada por el entorno tecnócrata o terapéutico.

Si quiero  extenderme  aún más en el tema y en sus aplicaciones hemos escuchado de algún varón despechado decir “ esa mina me dejó clavado en el bar  tomando un destornillador”, o aquella mujer que decía “ no sé qué abrigo comprarme con el tornillo que hace”, pero lo más patético fue cuando mi marido me dijo “ querida lo siento, me voy, a vos se te cayó un tornillo y  estás  re enroscada en tus devaneos”.




                                                                                             Carmen Pessacq


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