domingo, 12 de marzo de 2017

PERDIDA  Silvia Candelo




Había perdido la cuenta de cuantas veces había ido a buscarla en el transcurso de los años.
Muchas veces se había jurado que sería la última y sin embargo, cuando inevitablemente volvía a perderla, al tiempo se arrepentía y seguía sus pasos para pedirle que volviese con él.
Cuando le dijeron que estaba en ese antro de mala muerte fue a buscarla. El club nocturno estaba en un callejón poco iluminado. Después de decir la contraseña le abrieron la puerta y al entrar lo envolvió el humo y el olor acre que venía del sótano. Se escuchaba una música estridente y risotadas.
Bajó por una interminable escalera de caracol  y llegó a un ambiente de luces rojizas, donde hombres y mujeres bebían y fumaban. En un rincón unos pocos músicos desgarraban blues. Pidió una bebida y se acomodó en una mesa junto a una pared mientras sus ojos se acostumbraban  a la penumbra
En el centro del local, en una tarima un poco más iluminada había algunas mujeres bailando casi desnudas. Entonces la vio, apenas cubierta con una malla brillante moviéndose lentamente al compás de la música. Con los ojos casi cerrados se enroscaba en el caño danzando con movimientos sensuales, sonriendo satisfecha a las miradas lascivas que adivinaba.
La miró con nostalgia, recordando a la delicada joven que lo había enamorado tanto tiempo atrás.
Suspirando decidió que esta era la última vez. Terminó su bebida de un solo trago y luego, sin que ella lo viera, Orfeo volvió a la escalera y con pasos lentos la subió sin mirar atrás.




                                                                                                        Silvia Candelo






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