PERDIDA Silvia Candelo
Había perdido la
cuenta de cuantas veces había ido a buscarla en el transcurso de los años.
Muchas veces se
había jurado que sería la última y sin embargo, cuando inevitablemente volvía a
perderla, al tiempo se arrepentía y seguía sus pasos para pedirle que volviese
con él.
Cuando le dijeron
que estaba en ese antro de mala muerte fue a buscarla. El club nocturno estaba
en un callejón poco iluminado. Después de decir la contraseña le abrieron la
puerta y al entrar lo envolvió el humo y el olor acre que venía del sótano. Se
escuchaba una música estridente y risotadas.
Bajó por una
interminable escalera de caracol y
llegó a un ambiente de luces rojizas, donde hombres y mujeres bebían y fumaban.
En un rincón unos pocos músicos desgarraban blues. Pidió una bebida y se
acomodó en una mesa junto a una pared mientras sus ojos se acostumbraban a la penumbra
En el centro del
local, en una tarima un poco más iluminada había algunas mujeres bailando casi
desnudas. Entonces la vio, apenas cubierta con una malla brillante moviéndose
lentamente al compás de la música. Con los ojos casi cerrados se enroscaba en
el caño danzando con movimientos sensuales, sonriendo satisfecha a las miradas
lascivas que adivinaba.
La miró con
nostalgia, recordando a la delicada joven que lo había enamorado tanto tiempo
atrás.
Suspirando decidió
que esta era la última vez. Terminó su bebida de un solo trago y luego, sin que
ella lo viera, Orfeo volvió a la escalera y con pasos lentos la subió sin mirar
atrás.
Silvia Candelo
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