TRATADO SOBRE EL TORNILLO Alicia Luchessi
Estoy en casa. Terminé las tareas profesionales,
hogareñas y familiares. Me apronto a escribir. Menudo trabajo nos delegaron!!!!
Escribir sobre el tornillo. Qué decir, en qué pensar, por dónde empezar?
Aunque el protagonista parece insignificante, la tarea es ardua, compleja, ya que puede ser enfocada desde
distintos aspectos y, como el género humano, el género tornillo está conformado
por una variedad amplísima de sujetos y particularidades.
Una eximia compañera, tratando de rescatar sus
virtudes, lo identificó como un clavo astuto, pues no se deja golpear,
observación válida en una sociedad que respete las normas, y siempre y cuando
no venga algún desacatado poco paciente
o sin recursos y decida hacerlo entrar por la fuerza bruta.
Por otro lado hay quienes pueden sostener que el
tornillo es un clavo manipulable. Basta
que alguien le toque la cabeza para enviarlo al frente. O histérico, rebuscado y con muchas vueltas.
Lo cierto es que no podemos hablar de “EL” tornillo
ya que los hay de distinto tipo y en
distintas etapas de su vida.
Están
los reales, concretos, tangibles, los que vende el ferretero. Pero no debemos
olvidar que también tienen sus representantes en el mundo de las metáforas,
como los que “ubicamos” en nuestra
cabeza y de tanto en tanto se nos aflojan.
Y en cuanto a tamaño? Tenemos una variedad inmensa en cuanto a longitud y grosor. Los
hay chiquitos, gordos y cortitos como los enanitos de Blancanieves. Otros
altos, flacos, más o menos retorcidos.
Si pensamos en la
autonomía y autosuficiencia de los tornillos no podemos hacerlo con
independencia de su entorno. Es así que algunos a veces se bastan solos para
sostener lo que sea necesario y mantenerse firmes en su posición, en cambio
otros necesitan refuerzo para sostenerse
y no caer.
Están los inmaduros, atolondrados, o no
previsores que actúan al descubierto,
así como los más precavidos que se “enfundan” para hacerlo.
Como en la
sociedad humana, hay tornillos asumidos y humildes que responden a su denominación y solo se diferencian por
sus medidas y responden con su accionar aun a las órdenes de un simple
cuchillo, moneda u objeto que calce en
su ranura. Otros, en cambio, pertenecen a una elite, tienen nombre propio que
los diferencia del resto, nombre que le da un status diferente como el (philips)y solo acatan el mandato de
destornilladores especiales.
No todos los tornillos tienen el mismo derrotero en
la vida. Pocos son los que cumplen la
misión para la que fueron
fabricados: sostener un cuadro, ajustar una pieza en un mueble, corregir
una articulación en el cuerpo humano o
viajar al espacio como parte de una nave. Están los que no van más allá del
cajón del ferretero y quedan presos u olvidados en algún pliegue o se pierden debajo
del mostrador sin que nadie sufra su perdida. Otros, superando esa etapa, creen
alcanzar su meta porque un idóneo los adquiere y se los lleva a la casa, .pero
suelen acabar atesorados desordenadamente en un frasco de mermelada, viendo
pasar el tiempo a través del vidrio y esperando el momento de cumplir su
misión, momento que pocas veces llega, porque es más fácil comprar uno nuevo
que rescatarlo de su encierro.
No obstante estas diferencias y realidades no siempre
felices, la esencia del tornillo ha
despertado la imaginación de los ingenieros que, copiando su esencia lograron
elevarla al podio de las herramientas con un nombre rimbombante y atemorizador
: la BOMBA de TORNILLO.
Bueno, la verdad es que ya es tarde. Me da vueltas la
cabeza, y hablando de bomba, siento que me va a estallar.
Voy a dejar
por hoy. Siento que giro y giro, tratando de vencer mi propia resistencia, abulonando ideas no siempre
coherentes.
Ya no puedo seguir atornillada a esta silla. Iré a la
cama y me clavaré de golpe en ella. Posiblemente mañana, que seguramente será
otro día, se me ocurrirá algo menos retorcido, más brillante y pulido, que
obnubile al que lo lea y le haga pensar
que, como el remache y a diferencia
del tornillo, tengo dos cabezas.
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