lunes, 6 de marzo de 2017

TRATADO SOBRE EL TORNILLO  Alicia Luchessi    




Estoy en casa. Terminé las tareas profesionales, hogareñas y familiares. Me apronto a escribir. Menudo trabajo nos delegaron!!!! Escribir sobre el tornillo. Qué decir, en qué pensar, por dónde empezar?    
Aunque el protagonista parece  insignificante,  la tarea es ardua, compleja, ya que puede ser enfocada desde distintos aspectos y, como el género humano, el género tornillo está conformado por una variedad amplísima de sujetos y particularidades. 
Una eximia compañera, tratando de rescatar sus virtudes, lo identificó como un clavo astuto, pues no se deja golpear, observación válida en una sociedad que respete las normas, y siempre y cuando no venga algún desacatado poco paciente  o sin recursos y decida hacerlo entrar por la fuerza bruta.
Por otro lado hay quienes pueden sostener que el tornillo es  un clavo manipulable. Basta que alguien le toque la cabeza para enviarlo al frente. O  histérico, rebuscado y con muchas vueltas.
Lo cierto es que no podemos hablar de “EL” tornillo ya que los hay de  distinto tipo y en distintas etapas de su vida.
Están los reales, concretos, tangibles, los que vende el ferretero. Pero no debemos olvidar que también tienen sus representantes en el mundo de las metáforas, como  los que “ubicamos” en nuestra cabeza y de tanto en tanto se nos aflojan. 
Y en cuanto a tamaño?  Tenemos una variedad inmensa en cuanto a longitud y grosor. Los hay chiquitos, gordos y cortitos como los enanitos de Blancanieves. Otros altos, flacos, más o menos retorcidos.  
Si pensamos en la  autonomía y autosuficiencia de los tornillos no podemos hacerlo con independencia de su entorno. Es así que algunos a veces se bastan solos para sostener lo que sea necesario y mantenerse firmes en su posición, en cambio otros  necesitan refuerzo para  sostenerse   y no caer.
Están los inmaduros, atolondrados, o no previsores  que actúan al descubierto, así como los más precavidos que se “enfundan” para hacerlo.  
Como en  la sociedad humana, hay tornillos asumidos y humildes que responden   a su denominación y solo se diferencian por sus medidas y responden con su accionar aun a las órdenes de un simple cuchillo, moneda  u objeto que calce en su ranura. Otros, en cambio, pertenecen a una elite, tienen nombre propio que los diferencia del resto, nombre que le da un status diferente  como el (philips)y solo acatan el mandato de destornilladores especiales.
No todos los tornillos tienen el mismo derrotero en la vida. Pocos son los que cumplen la  misión para la que fueron  fabricados: sostener un cuadro, ajustar una pieza en un mueble, corregir una articulación en el cuerpo humano  o viajar al espacio como parte de una nave. Están los que no van más allá del cajón del ferretero y quedan presos u olvidados en algún pliegue o se pierden debajo del mostrador sin que nadie sufra su perdida. Otros, superando esa etapa, creen alcanzar su meta porque un idóneo los adquiere y se los lleva a la casa, .pero suelen acabar atesorados desordenadamente en un frasco de mermelada, viendo pasar el tiempo a través del vidrio y esperando el momento de cumplir su misión, momento que pocas veces llega, porque es más fácil comprar uno nuevo que rescatarlo de su encierro.   
No obstante estas diferencias y realidades no siempre felices,  la esencia del tornillo ha despertado la imaginación de los ingenieros que, copiando su esencia lograron elevarla al podio de las herramientas con un nombre rimbombante y atemorizador : la BOMBA de TORNILLO.  
Bueno, la verdad es que ya es tarde. Me da vueltas la cabeza, y hablando de bomba, siento que me va a estallar.
Voy  a dejar por hoy. Siento que giro y giro, tratando de vencer mi propia  resistencia, abulonando ideas no siempre coherentes.
Ya no puedo seguir atornillada a esta silla. Iré a la cama y me clavaré de golpe en ella. Posiblemente mañana, que seguramente será otro día, se me ocurrirá algo menos retorcido, más brillante y pulido, que obnubile  al que lo lea y le haga pensar que, como el remache   y a diferencia del tornillo,  tengo dos cabezas.






                                                                                                     

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