EL UMBRAL Alicia luchessi
En el
día de la mudanza la casa adquiere vida. Cada rincón, a su manera, nos
devuelve lo que atesoró de nosotros
para que nos lo llevemos en la maleta
de los recuerdos. Les voy a contar lo
que me pasó el día que me fui para
siempre de la casa en la que había
pasado años de mi vida. Iba a ser demolida para dar paso a …quién sabe qué
nueva historia.
En la línea límite entre el adentro y el afuera, lo
privado y lo público, la casa y la vereda…. algo me detiene. No sabría explicar
qué, pero de repente es como si alguien
me empezara a decir….
Esperá,
no te vayas, mirame, ya casi ni me reconocés. Vivimos tantas cosas juntos en
esta casa en la que naciste. Sé que soy poco visible para muchos, me restan
importancia otros.
El
tiempo no paso en vano para mí. Ya no tengo el brillo y la lisura de mi
juventud. Pero antes como ahora
compartí momentos importantes de tu vida.
Te sorprendés, estás asombrada y asustada porque nunca habíamos hablado,
no conocías mi voz, ni tenías conciencia de mi presencia.
Yo
ya estaba aquí cuando tus padres salieron corriendo para el hospital porque
ibas a nacer, y te recibí con alegría cuando regresaron con tu moisés. Cuando
te pasearon con el cochecito, recibí críticas, rezongos, me hicieron cargo de
las dificultades que tenían para entrar y salir de la casa. Fui uno de los
primeros peligros que te enseñaron a sortear y del cual defenderte cuando
empezaste a dar los primeros pasos.
Más
tarde, cuando eras niña, era en quien apoyabas tu libro de figuritas. Estabas
conmigo cuando, el día de tu cumpleaños, esperabas ansiosa la llegada de tus
tías para ver si te traían la muñeca, el rompecabezas o el juego de ingenio de
los que, desde hacía un mes, sutilmente les informabas que te gustaban y donde
los habías visto. También te escuché y sostuve hasta calmar la bronca antes de dar las gracias como te
enseñaron que debías hacer, cuando alguna se aparecía con ese vestidito y tu
mamá se ponía contenta porque te iba a
servir “para el casamiento de la prima”.
Siempre
estuve allí, acompañándote en el límite de tus dos mundos, el seguro, familiar,
pero a veces aburrido de tu casa (a bañarse, a hacer los deberes, a dormir) y
ese otro, el de los amigos, los juegos, lo desconocido.
Yo
era quien te daba pie para que llegaras al timbre, o miraras el agua de la
riada sin mojarte los pies esos días de gran lluvia y quien recibía sin quejas
el raspón de los zapatos embarrados cuando a la vuelta de la plaza tu mamá
decía desde adentro, “no entren con los pies sucios, van a encastrar toda la
casa!!!” . Te digo me dolía más el no
ser considerado parte de la casa, que las zapateadas de tus piecitos.
Y
cuando la pubertad y adolescencia, con
sus cambios, encantos y amores, fueron dejando atrás a la niñez, yo fui quien
te ayudo a disimular esos centímetros de menos
por el estirón tardío cuando te parabas al lado de tus amigas.
Te
acordás del primer chico por el que tu
corazón empezó a latir más rápido. Vos no te diste cuenta quizás pero yo estuve
allí, con vos, expectante como vos de
su paso.
Yo
fui quien presenció y guardó el secreto
del primer beso, la primera caricia y también la primera pelea con tu primer
novio. Y también el “jugueteo prohibido” en el momento de la despedida, que
tantas sensaciones nuevas te produjeron, y que nada tenían que ver con las
sentencias de tus padres que auguraban peligros de la calle si la despedida era
larga.
De aquellos tiempos recuerdo que el único
momento que tus pies no compartieron conmigo, fue cuando te casaste. Esa vez no
me tocaste. Y yo sentí entonces que comenzaba nuestra despedida. Fue “tu”
momento, no el “nuestro”
Y
después te fuiste y comenzaste tu vida, y me regalaste el contacto de tus
hijos, y el cuidado a la salida de tus padres que titubeaban el paso ante mi
altura.
Y
hoy es la despedida, yo creo que llegue al final de mi camino. En un rato
pasaran los picos y las palas a llevarse los “escombros”, y entre ellos yo
también iré en pedazos. Pero quería también que supieras de mi existencia, no
quería se perdiera en el contenedor.”
Ya los obreros bajaban del camión.
- Quiero
pedirles un favor. Quisiera llevar este umbral, es de mármol de Carrara, me
gustaría usarlo para armar una mesa en la sala principal de casa. No lo dañen
por favor. Gracias.
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