ROCAMORA Miguel Di Luca
Voy a tratar de
explicarle Rocamora, seré lo mas sintético posible, vio que a mi no me gusta
hablar demasiado, así que iré directamente al grano…, hablando de grano, ¿vio
que cambiaron el grano de café acá en La Biela?, antes era de Brasil, que si
bien es el mayor productor de granos del mundo no es el mas rico, éste es el de
Colombia y es por eso que el café ahora acá es exquisito, Rocamora; volviendo
al tema que nos incumbe, el de los avioncitos de papel de aquel pueblo lejano,
pero siempre analizándolo en perspectiva como todas las cosas, porque si usted
mira ahora hacia la Iglesia del Pilar tiene una perspectiva, pero si yo le digo
mire por Quintana hacia la calle Callao, tiene otra totalmente distinta!!!,
además levante la vista, mire las ventanas todas cerradas y con rejas ¿usted
cree que un avioncito de papel prolijamente diseñado y ejecutado puede entrar
en esas ventanas?, ya le digo que de ninguna manera Rocamora!!!
- Pero…
Es que el
tema de los avioncitos tiene sus bemoles, paso a explicarle. No es lo mismo un
avioncito de un papel de 57 gramos que uno de 70 gramos y ni que hablar de uno
de 120 gramos, casi una cartulina, todos tienen una distinta forma de planear,
sí a eso le suma la intensidad y dirección de los vientos… imagínese un viento
del Sur no es lo mismo que un viento del Norte, ¿comprende?.
También es muy
importante el color, uno de color blanco pasa mas desapercibido que el rojo, o
el amarillo o el naranja, los que funcionan relativamente bien son los azules
oscuros y negros. Está claro que no hay que dejar nada librado al azar,
Rocamora.
Todo este tema
de los avioncitos, aunque usted no lo crea me hizo recordar a los primeros
viajes a Europa en avión desde la vieja terminal de Ezeiza, usted se disponía a
viajar, entonces la familia alquilaba un bondi para 20 o 30 personas, llevaban
la comida y mientras usted realizaba el embarque, que demoraba una eternidad,
en el hall del aeropuerto se organizaba el pic nic, luego de los interminables
abrazos y lágrimas y ya caminando hacia el avión por la pista usted giraba la
vista hacia la terraza y veía una veintena de pañuelos blancos que se agitaban,
los que no tenían pañuelos movían las manos de un lado a otro siempre en
dirección noreste a suroeste porque esa era exactamente la orientación de la
terraza de Ezeiza, Rocamora, ¿me entiende?
Viajar, sobre
todo en esa época traía muchas ventajas, usted regresaba de un viaje de Europa
o de Estados Unidos, y, como casi nadie había viajado, usted se hacía un festín
contando cosas realmente ciertas pero mezcladas con una sarta de mentiras
atroces y los escuchas en las tertulias lo miraban con la boca abierta, si, con
la boca abierta, casi atónitos…
- Pero…
- Pero que pero
ni nada !!! Sabe qué pasa Rocamora, le digo lo que siento… usted es un Chanta!
Miguel
Di Luca
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