LA ESCALERA Mary Marpegán
Hoy de ella
sólo quedan imágenes ensambladas.
Nada que
pueda ser retenido en un acto de captura.
Sólo
recuerdos de lo que fue una historia.
La vida por
ella se deslizaba, escalón por escalón.
Abajo, la
sobremesa familiar. Caprichos nocturnos del niño que no se quiere ir a dormir.
Arriba, la
desvelada hora en que los zombis invaden el espacio oscuro.
Silencios y
murmullos que escapan a la personificación.
Dedos
acusadores de travesuras diurnas.
El llanto
moja la almohada, el gemido profundo se esparce como onda y repiquetea en cada
escalón, buscando el oído del consuelo.
Abajo, un
movimiento imperceptible toma fuerza y se corporiza en un paso tenue pero
seguro.
Conocedora
de la rutina nocturna, apoyándose en el filo de mármol de cada escalón, la
madre acude a brindar mimos y caricias esperados.
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